Ambas pólizas se activan tras el fallecimiento de la persona asegurada, pero presentan claras diferencias en el modo en que ofrecen su cobertura. Optar por una u otra dependerá de las necesidades de cada uno.

 

En el mundo de los seguros existen múltiples tipos de pólizas, desde seguros de salud, seguros de coche o seguros de hogar hasta pólizas específicas para motos acuáticas o incluso seguros para patinetes eléctricos. Las aseguradoras siguen ofreciendo cada día nuevos productos, adaptados a las necesidades de sus clientes, pero no siempre es sencillo conocer exactamente qué ofrece cada póliza del mercado.

 

De hecho, uno de los errores más frecuentes es considerar que al contratar un seguro de vida y al contratar un seguro de decesos estamos adquiriendo el mismo tipo de producto y cobertura. Aunque ambas pólizas tienen como objetivo proteger el bienestar futuro de los seres queridos de la persona asegurada ante el fallecimiento de esta, se diferencian mucho entre ellas.

 

Ambos productos se pagan durante la vida del tomador de la póliza, y su fin último es cubrir el fallecimiento de esta persona, lo que puede llevar en muchas ocasiones a confundir un seguro con el otro, pero las principales diferencias entre el seguro de vida y el seguro de decesos están precisamente en el modo en el que ofrecen esta cobertura.

 

El seguro de vida y el seguro de decesos cubren ambos el mismo riesgo: el fallecimiento de la persona asegurada, y lo hacen con una prestación económica, pero no del mismo modo. El seguro de vida confiere a los beneficiarios, señalados por el tomador del seguro, una cuantía económica única o varias rentas determinadas tras el fallecimiento de la persona asegurada. Es la persona asegurada quien determina la suma de la indemnización que recibirán sus beneficiarios en caso de su deceso, al seleccionar la suma asegurada en el momento de contratar la póliza. Por otro lado, el seguro de decesos cubre los gastos, trámites y gestiones relacionados con el fallecimiento de la persona asegurada -gastos de sepelio y servicios complementarios-, pero también puede ofrecer coberturas como traslado y repatriación de la persona fallecida, asistencia en viaje o accidentes. Sin embargo, en este segundo caso, el asegurado no elige directamente el capital exacto que quiere asegurar, sino que lo establece la compañía aseguradora teniendo en cuenta el tipo de servicios fúnebres que se desean contratar y el lugar del sepelio.

 

En resumen, al contratar un seguro de decesos buscamos que la compañía aseguradora nos ofrezca un servicio directo -cobertura de los gastos y gestiones del sepelio-, y con un seguro de vida se busca una compensación económica, una indemnización ante la muerte de la persona asegurada. Ambos productos también difieren en el precio, es decir, la prima que se ha de pagar por cada uno, y los plazos de abono. La prima, que determinará el precio del seguro de vida y del seguro de decesos, se calculará en función de distintas variables entre las que se incluyen la edad de la persona asegurada y las coberturas contratadas.

 

Ambas, póliza de vida y póliza de decesos, garantizan la tranquilidad y la protección de nuestros seres queridos en el momento de nuestro fallecimiento, aunque cada una ofrece este apoyo de un modo diferente. Por este motivo es preciso saber qué cobertura exacta nos asegura cada producto antes de decantarnos por un tipo de seguro u otro

Fuente: www.elcorreo.com

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