Seguro de decesos, aliado de las familias

El seguro de decesos se ha convertido en un aliado para las familias españolas no solo a la hora de despedir a un ser querido, sino también ayudándolas en su día a día con múltiples coberturas y garantías.

En la cultura occidental, pensar en la muerte o hablar de ella, se considera más un tabú que la consecuencia lógica de la vida. Vale que no es el tema más alegre, pero a nosotros parece que nos provoca un repelús peculiar. Esa especie de ‘yuyu’ grotesco nos empuja a eludir el asunto, como si mentarlo fuera convocarlo.

Sin embargo, la previsión del fallecimiento de un ser querido puede ahorrarnos infinidad de sinsabores, problemas económicos y gestiones burocráticas que dificultan aún más la superación de la tristeza y el desconsuelo.

Vamos a ser prácticos -y realistas-: aparte del golpe emocional, morirse le cuesta carísimo a la familia. En ciudades como Madrid o Palma de Mallorca los gastos funerarios rondan los 4.750 euros, en Ibiza se acercan a los 5.000 euros. En otras localidades apenas alcanzan los 3.000 euros. El seguro de decesos nace precisamente para paliar tales desembolsos.

En España, según los datos de Icea, 21,76 millones de personas -el 46,6 por ciento de la población- cuentan con una de estas pólizas. Paradójicamente, el número de asegurados es superior en las regiones donde morirse es más económico -las provincias donde más se aseguran son Cádiz (80 por ciento de población asegurada), Ávila (79 por ciento), Ciudad Real (69 por ciento) y Huelva (66 por ciento)-. Curiosidades españolas…

En cuanto a la edad, los índices de suscripción más altos se dan entre los que superan los 45 años, aunque también está presente entre niños y personas jóvenes. Las tasas entre la población menor de 30 años oscilan entre el 27 y el 44 por ciento.

Siguiendo con la información de Icea, en el mercado hay 8,36 millones de pólizas. Es decir, 2,6 asegurados por contrato. ¿Por qué es importante este dato? Porque muestra el carácter familiar de este tipo de seguros, una característica fundamental de la evolución del producto a lo largo del tiempo.

Efectivamente, los seguros de decesos han dejado de ser el pago a plazos de un suceso inevitable para convertirse en una herramienta de protección familiar. Poco tienen que ver aquellas pólizas que tenían nuestros bisabuelos con la relación algo siniestra de la variedad de servicios que incluían las compañías especialistas en el ramo, con lo que hoy ponen a disposición de la familia, incluso en vida.

Las coberturas actuales no se limitan al coste del sepelio, enterramiento y gastos derivados. Abarcan el desplazamiento del fallecido hasta el lugar de enterramiento -la repatriación, en su caso-, las gestiones testamentarias y jurídicas, la responsabilidad civil, incluso asistencia en las tareas diarias, ayuda psicológica para afrontar el impacto emocional o la gestión del final de la vida digital, para eliminar la presencia en Internet, en redes sociales, webs y cuentas de correo electrónico.

 

Fuente: www.eleconomista.es

Vivir no es barato, pero morirse tampoco.

El descanso eterno en un nicho, tumba o panteón no cuesta tanto como una hipoteca o el alquiler de una vivienda pero es un gasto —puede alcanzar los 7.000 euros dependiendo de la localidad donde se realice la inhumación o incineración— que descalabra la economía de cualquier familia, sobre todo si llega sin previo aviso. Además de caro, el proceso funerario es doloroso y engorroso.

Dinero y dolor sustentan el conocido por las generaciones más mayores como «el seguro de los muertos», un producto genuinamente español que no existe en ningún otro país del mundo — donde solo se paga una indemnización por muerte—. Y, a pesar de tener más de un siglo de vida, parece estar más vivo que nunca. Las aseguradoras ofrecen ahora nuevas coberturas para ser usadas en vida y primas más baratas en la contratación para atraer a las familias más jóvenes. «En los últimos cinco años el seguro de decesos está viviendo una segunda juventud», apunta José Luis Ramírez del Puerto, director de Particulares Personales de Caser, con más de 300.000 asegurados.

Además, las compañías empiezan a dar respuesta a las nuevas tendencias que recalan en el sector y que reclaman una mayor concienciación con el medio ambiente, tanto a la hora de llevar a cabo inhumaciones como cremaciones, así como el uso posterior de las cenizas. Y así, cada vez son más los clientes y familiares que piden funerales ecológicos, cementerios naturales (el entierro se hace directamente en la tierra y con el cuerpo sin embalsamar), flores y urnas biodegradables y ataúdes de cartón, aptos para cadáveres de hasta 125 kilos, fáciles de montar y de transportar que sólo pesan 11 kilos. «Los entierros clásicos, los de toda la vida, no son biodegradables y muchos de los que ahora optan por una vida 100% verde también eligen, para su muerte, un funeral ecológico», dice Juan Carlos Blázquez, director de Prestaciones en Santalucía, líder en el sector con 6,3 millones de clientes y 117.350 nuevas pólizas en el último año.

Al tanto de las nuevas modas están los casi 22 millones de personas que tienen contratado un seguro de decesos en España. Entre 2012 y 2018, el número de asegurados se ha incrementado en 616.259 personas. El volumen de primas alcanzó los 2.367 millones de euros en 2018, un 4% más que un año antes, según ICEA.

Los datos vienen a decir que casi un 47% de los españoles tiene un seguro de decesos. «Es uno de los seguros que cubre a más personas. Solo le supera en capilaridad el del automóvil y hay que tener en cuenta que el de decesos no es obligatorio», indican en Unespa. La patronal estima que las aseguradoras se hicieron cargo del 61% de los entierros ocurridos en España en 2018, unos 275.000 sepelios. Esta proporción se ha mantenido estable durante los últimos 15 años, ya que apenas el 6,7% de las pólizas se anulan. «La mayoría de las cancelaciones se producen para contratar otro seguro en otra entidad o por el fallecimiento de los asegurados», asegura Ramírez del Puerto.

Lo curioso es que, a pesar del aparente poco interés y preocupación que muestran las generaciones más jóvenes por la muerte, las estadísticas de Unespa reflejan que cuatro de cada diez veinteañeros tiene un seguro de decesos. De hecho, en algunas compañías la edad media de contratación se coloca en los 35 años, según Blázquez. Esto es así porque varias generaciones de la misma familia suelen figurar dentro de la misma póliza, incluso sigue siendo muy habitual incluir a los recién nacidos. Unespa cuenta que un 19% de los menores de cinco años tiene esta protección, lo que refrenda el carácter familiar de la póliza.

El secreto de la eterna juventud de este producto es que juega con la vida y la muerte. Ha incorporado nuevos servicios de uso en vida que las pólizas tradicionales no tenían. El riesgo principal sigue siendo la prestación del servicio fúnebre: caja, coche, nicho, incineración, asistencia en viaje, ayuda psicológica, tramitación de documentos y consultas jurídicas. Las familias pueden contratar servicios de inhumación, de incineración o solo de tasas en caso de que ya cuenten con un nicho o sepultura en propiedad (recuerde que estos espacios municipales son concesiones administrativas temporales).

 

Dentista o pediatra

Si bien, «hay una continua evolución donde caben todo tipo de servicios y coberturas absolutamente heterogéneas. Seguramente es un camino que está empezando; es difícil siquiera aproximar dónde puede situarse esta nueva oferta en el medio y largo plazo», indica el experto de  Caser. De momento, incluyen desde gestión de testamentos y borrado de huella digital hasta orientación pediátrica, asistencia posparto y crioconservación de células madre, nutricionista o protección en caso de acoso digital a menores, indican en Mapfre. La compañía lanzó hace un par de años un seguro de decesos con más de 30 servicios para incentivar la contratación por parte de familias jóvenes. Lo mismo que Santalucía, que comercializa un seguro para menores de 40 años que ofrece garantías opcionales: bricoasistencia, pérdida de llaves, mascotas…

El coste de una póliza varía en función de la edad de los asegurados, los gastos del entierro por provincias y los servicios contratados. Pueden ir desde los 98 euros anuales por persona a los 325 al año por familia. Los que más años viven pueden acabar pagando tres o cuatro veces su propio entierro. Lo malo es que uno sabe que se muere, no cuándo se muere, así que si los trámites se hacen sin seguro, hay que tener en cuenta que un féretro puede costar desde 600 hasta 10.000 euros; un coche fúnebre parte de 150; una sala en el tanatorio, desde 600 euros; un nicho doble, más de 2.400 euros… Por ejemplo, «el coste medio de un servicio básico con inhumación en unidad de enterramiento ya adquirida está en unos 3.300 euros más IVA», indican en la empresa municipal Servicios Funerarios de Madrid (SFM), donde más del 65% de los clientes son aseguradoras. Esta empresa, que tiene sus orígenes a principios del siglo XX como la empresa de Pompas Fúnebres de Madrid, dispone tanto de funeraria, como de tanatorios (M30 y Sur) y la gestión de los 14 cementerios y dos crematorios municipales.

 

Fuente: elpais.com